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Los lugares son historias plegadas y fragmentadas, de pasados robados a una legibilidad otra, tiempo amontonado que se puede desatar, pero que está allí, como relatos a la espera que resisten el estado de deshecho, como una simbolización enquistada en el dolor o el placer del cuerpo. Michel de Certeau1
La observación de un lugar y de las huellas dejadas por el hombre está al centro de numerosas prácticas artísticas. Bien sea el paisaje natural, espacio urbano, arquitectura o interior, el lugar sigue siendo hoy en día el tema predilecto de las prácticas contemporáneas jóvenes. Los artistas reunidos en esta exposición hacen prueba de esto: dan un mirada crítica a las condiciones sociales e históricas que hayan marcado la representación de distintos lugares y cuestionan también, la relación entre el individuo y su medio ambiente.
Esta exposición, organizada en el marco del evento Voilà Québec en México -una ventana abierta sobre la cultura de Quebec - y presentada al Centro Cultural Casa Vallarta en Guadalajara, agrupa los trabajos de cinco jóvenes artistas que se distinguieron durante los últimos años sobre la escena artística de Quebec. Cada una de las prácticas que se presentan aquí están íntimamente vinculadas a la naturaleza, al campo, a la ciudad, a lo cotidiano, y tratan de la memoria, de la historia, de la temporalidad, rindiendo cuentas con informes a veces ambivalentes y raramente armoniosos, de la relación que mantienen el individuo y la colectividad con su medio ambiente. Tal como ocurre con muchos fotógrafos – basta con pensar en el grupo New Topographics de los años 702 – los artistas de esta exposición expresan un interés evidente por el territorio, el espacio social y muestran una atención particular en el individuo activo, que se transforma a si mismo y al mismo tiempo modifica su mundo.
¿Que es, en realidad, el medio ambiente y concretamente que son estos lugares que nos rodean? Por una parte, nuestra identidad se construye a partir de la información acumulada en estos lugares que habitamos. El filósofo Gaston Bachelard quien se tomo bastante tiempo en estudiar esta relación, demostró que el hábitat, la casa y los lugares donde uno vive son impresiones generales de algo simbólico, donde la razón y las sensaciones operan juntas3. El lugar está entonces ligado a algo muy concreto, pero también á actitudes, a las relaciones elementales que mantenemos con los espacios que habitamos y circulamos. Por otro lado, nuestra relación con el medio ambiente fue trastornada profundamente estas últimas décadas por el desarrollo de lo que el antropólogo Marc Augé llama los "no-lugares" de la era súper-moderna: espacios residuales y de tránsito, como las vías aéreas y ferroviarias, autopistas, aeropuertos, grandes hoteles, supermercados, parques, vestíbulos, etc, que son producidos por los cambios socio-económicos, el urbanismo modernista del principio del siglo XX y el desarrollo de una sociedad basada en una nuevo tipo de movilidad. Estos son espacios reales, donde coexistimos o cohabitamos sin necesariamente vivir juntos, pero que son no obstante lugares para aquellos que trabajan, o cuando, a través de una historia fortuita el espacio crea su propia realidad. Los no-lugares no existen nunca bajo una forma pura; según nuestras actitudes al respecto, estos lugares se relacionan, se recomponen y reconstituyen. Son imaginados como espacios habitables de solitud, en los cuales uno puede escaparse de las realidades diarias4.
Estos no-lugares fascinan a varios artistas de esta exposición, ellos exploran y circunscriben literalmente la superficie de estos nuevos espacios idénticos, banales y deshumanizados, en una búsqueda de indicios en la idea de "vivir juntos". Las imágenes presentadas aquí, muestran al desnudo esta realidad diaria de "relatos urbanos", para mencionar el término de Certeau5. Estos artistas destacan el estado de estos lugares revelando zonas desconocidas o inexistentes (Isabelle Hayeur), espacios urbanos genéricos (Thomas Kneubühler), lugares de trabajo (Emmanuelle Léonard) o resisten mostrando lugares históricos y referente a la memoria (Martin Désilets), o espacios íntimos (Patrick Coutu). Sin embargo, todos estos lugares tienen en común el hecho de estar marcados y transformados por el uso humano pasado presente y futuro; esto es lo que llamamos lugares antrópicos. Ya sea en el campo, en la ciudad o sus periferias, estos artístas relatan sus experiencias, estas obras nos incitan a observar con más atención los múltiples estados de nuestro medio ambiente.
Al final, uno siempre tiende a ver el lugar como una extensión de nuestro cuerpo, es así que éstos espacios no pueden verse como exteriores a uno mismo. Ellos son observables solo tomando una distancia, aun así, están sumidos a una vista general. La vida humana es un conjunto articulado de relaciones y experiencias difícilmente discernibles. En nuestra relación con el lugar, nuestro cuerpo no se limita a ser un receptáculo pasivo de sensaciones, al contrario, el es activo e influenciado por las relaciones sociales, quien a su vez ejerce una influencia sobre ellos. Los artistas reunidos aquí lo destacan de múltiples maneras: revelando de manera íntima cómo los lugares están constituidos de esencia, memoria y de fragmentos de nuestra historia (Patrick Coutu); revelando la complicidad y la simbiosis que puede surgir entre el individuo, el fotógrafo, el pintor y un lugar (Isabelle Hayeur); denunciando los lugares de producción de cohesión social que generan la organización de los espacios y que a su vez influyen las maneras de comportarse en estos espacios (Thomas Kneubühler); mostrando lugares caracterizados por su función social y que muestran nuestros comportamientos según nuestras maneras particulares de vivir lugares co-habitados (Emmanuelle Léonard); recordando que un país, sus espacios y sus lugares se dejen observar y comprender a través de detalles, experiencias e impresiones (Martin Désilets). Todos estas aluciónes al lugar podrían ser resumidos en este pasaje de Georges Perec:
Me gustaría que existiesen lugares estables, inmóviles, intangibles, intocados y casi intocables, inmutables, arraigados; lugares que serían referencias, puntos de partida, orígenes: mi paisaje natal, la cuna de mi infancia, la casa donde nací, el árbol que me vio crecer, [...] el granero de mi infancia lleno de recuerdos intactos...
Tales lugares no existen, y justamente porque no existen este espacio se convierte en una cuestión, deja de ser evidencia, de estar asociado, apropiado. El espacio es una duda: tengo que señalarlo constantemente, identificarlo; nunca llega a ser mío, y nunca es regalado, siempre hay que conquistarlo6.
Los lugares que vivimos, y frecuentamos jamas desaparecerán completamente, los dejamos sin dejarlos; ellos viven dentro nuestro, a veces invisibles y a veces presentes, ocultados en nuestra memoria; las imágenes reunidas aquí son la prueba de que debemos redescubrirlos constantemente.
1 Michel de Certeau, L’invention du quotidien. Arts de faire, tomo 1, Paris, Gallimard, 1990, p. 163.
2 Los fotógrafos de la exposición New Topographic : Photographs of a Man-Altered Landscape presentados 1975 en el George Eastman House de Rochester fueron los primeros en investigar los espacios intermedios generados por la sociedad de consumo y contribuyeron a formar las bases para una investigación contemporánea de la fotografía. Paul di Felice, Paysages lieux et non-lieux, Luxembourg, Café Crème asbl, 1995, p. 9.
3 Gaston Bachelard, La poétique de l’espace, Paris, Presses universitaires de France, 1992, 5e edición, 214 p.
4 Marc Augé, Non-lieux : introduction à une anthropologie de la surmodernité, Paris, Éditions du Seuil, 1992, 149 p.
5 Michel de Certeau, Luce Giard y Pierre Mayol, L’invention du quotidien. Habiter, cuisiner, tomo 2, Paris, Gallimard, 1990, p. 203.
6 Georges Perec, Espèces d’espaces, Paris, Éditions Galilée, 1974/2000, p. 179.
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